Como cada año, llegan las restricciones de agua a Ojacastro, pueblo de apenas 200 habitantes. A un kilómetro de distancia, Ezcaray acoge a más de 15.000 personas en temporada estival sin restricciones, con piscinas municipales y con numerosas piscinas privadas. Un ejemplo paradigmático de las dos realidades que se viven en la cuenca del Oja-Tirón.
|Ojacastro|
Los habitantes de Ojacastro sufren de nuevo unas restricciones de agua que no generan debate sobre su necesidad, sino sobre su contexto. Y es que, cada día de julio y agosto ven pasar a miles de turistas hacia el pueblo de al lado, Ezcaray, donde los jardines se mantienen verdes, las piscinas llenas y saneadas, y la hostelería funciona a pleno rendimiento.

En el reportaje sobre el río Oja que se encuentra en nuestro canal de YouTube, hablábamos con Jorge Capellán. La entrevista data de 2024, cuando Jorge era agricultor y vendedor de leña en Santurde. Como agricultor, sufría la sequía. En sus viajes como vendedor de leña, veía lo que consideraba «un derroche».
Este trabajador del campo relataba cómo, en los días de más afluencia en la zona, baja el nivel del agua de riego. Sin embargo, esos mismos días que no podía regar su huerta, veía cómo en otros pueblos de la cuenca baja se vive otra realidad. «Bajas a llevar leña a Cihuri o a Cuzcurrita y están regando jardines públicos y privados, y las piscinas están llenas».
De hecho, tal y como expresó, «Ezcaray pasa de 2.000 a 20.000 habitantes; Zorraquín, de 30 a 1.500; Santurde, de 300 a 1.800; y, si sigues bajando el río, vemos lo mismo en el resto de pueblos».
En aquella entrevista, este agricultor acompañaba los ejemplos con un alegato relacionado con la gestión del agua. «Además de que debemos ser más conscientes de en qué y para qué gastamos el agua, el turismo masivo está convirtiendo esto en un resort. Y, si el valle vive de esto, el Gobierno de La Rioja debería dar algún apoyo (con los recursos). ¿Cuándo es el problema y dónde? ¿Cómo se puede solucionar?».
No obstante, Jorge asumía y repetía que debemos cambiar nuestra visión sobre el agua. Porque lo que describe no es sólo un desequilibrio estival, sino el síntoma de un modelo que tensiona los recursos naturales. Y, éstos, no crecen al ritmo del turismo.

