La escritora riojana viene de ser finalista en el Premio Ateneo Riojano, en la categoría de poesía, con su obra Esa pequeña víbora disfrazada de diosa (Ediciones 4 de agosto, 2025). Ahora, ha publicado su primera novela, Una luciérnaga entre el musgo (La Zamarra, 2026), novela ambientada en La Rioja más olvidada.
|La Rioja|
Más de veinte años después de su primera publicación —allá por 2004—, Sonia San Román ha decidido dar el paso hacia la novela. Nos cuenta que, en todo caso, es algo que lleva años fraguándose. «Llevo, escribiéndola en serio, cinco años. Pero, en mi cabeza, este libro existe desde que tengo uso de razón».
Se trata de un relato ambientado en el Camero Viejo, lugar de su familia materna y zona que califica como «abandonada». Recuerda las historias de sus abuelos, germen de la obra literaria que acaba de publicar. «Ficcionar con ese material me ha dado la oportunidad de otorgar una dignidad a una memoria y un territorio que tenía dentro», confiesa.

Relata cómo investigó sobre acontecimientos que no conocía, y que le sirvieron para complementar la ficción «y crear un artefacto que está basado en muchas verdades y algunas ficciones». Tanto investigó, que se tuvo que obligar a parar. «Me tuve que decir: “Para ya. Si estás haciendo ficción, deja de investigar, que no vas a hacer un ensayo”». No obstante, reconoce que disfrutó infinitamente la lectura de prensa histórica, fotografías y periódicos antiguos.
«El fascismo es capaz de erradicar la cultura»
La novela consta de dos líneas temporales distintas. Una de ellas, inmersa en el año 35-36, en una aldea ficticia del Camero Viejo llamada Umbrosa. Esa pata está inspirada en el paso de Bartolomé Cossío por la zona, con sus misiones pedagógicas. Una luciérnaga entre el musgo muestra lo lenta que es la siembra de la cultura y cómo, un año después, el fascismo fue capaz de erradicarla.
La otra línea temporal se mueve en 2018. «Estos personajes son los herederos de aquella herida y de aquella siembra cultural», explica. Unos personajes que se encuentran desarraigados tanto en el campo como en la ciudad.

Esta es la trama de su novela. Pero, Sonia San Román, hasta ahora sólo había publicado poesía. La considera un catalizador, algo que le ayuda a nombrar el dolor. «La escritura sirve para entender lo que no entiendes si no buscas las palabras», describe. Incluso localiza que los manuscritos le nacen en el mismo lugar de siempre, que es una especie de desborde emocional.
«Tengo los mismos miedos que cuando empecé a escribir»
Esta especie de catarsis que nos narra se produce cuando, en el proceso de redacción, se encuentra con rabia, con dolor, con cosas que se hacen bola y, por supuesto, con miedo. Los mismos miedos que cuando empezó a escribir. «El síndrome de la impostora sigue ahí. No he conseguido librarme de él cada vez que escribo algo. La sensación de no estar a la altura. No me sé animar ni decir cosas buenas al respecto de mi obra», admite. Aunque, revela, quizás sea algo que trasciende de la literatura.

Y podría ser, por ejemplo, algo relacionado con la forma de amar. A una misma y a las demás personas. Asunto sobre el cual evalúa que no tenemos ni idea. Agradece al feminismo el haberle ayudado a localizar ciertos engaños que venían de parte del amor romántico. Algo que valora como estafas socioeducativas. «Tú, como eres chica, tienes que ser la comprensiva, la dulce, la que sostenga, la que aguante… Y decían, «¿cómo no vas a aguantar, si todas han aguantado antes?»», recuerda, y concluye que es maravilloso haber llegado a un punto en el que decir «no».
«Estoy cansada de maternar a hombres adultos»
Con todo esto, cree que debemos ser conscientes de la forma en la que nos acercamos al amor. Se muestra cansada de lo que denomina maternar a hombres adultos, pero detecta que es algo muy integrado. Incluso, a veces se sorprende a ella misma. «Nos sabemos bien la teoría, pero luego, en la práctica la cagamos».
En cualquier caso, Sonia San Román está centrada en la presentación de su novela. La primera, este 27 de mayo en Logroño. Sin embargo, pretende exportarla y, cómo no, pasar por el Camero Viejo.

Sonia escribe desde las entrañas más abiertas y desde las heridas por cerrar. Aun cuando sabe que, a las luciérnagas, no las tapa el musgo y su brillo ilumina. Debe seguir brillando y, sobre todo, exponiendo su luz.

