La avispa asiática: una amenaza silenciosa que se expande sin control por La Rioja.

|Imágenes de Sergio Marín|

 

La voz de alarma surgió en 2004 en el puerto de Burdeos. Llegó camuflada en un contenedor de cerámica china: la Vespa velutina nigrithorax (la avispa asiática). Seis años después, la especie cruzaba los Pirineos y llegaba a Navarra. Desde entonces, su avance por el norte de España no se ha detenido.

 

|La Rioja|

 

Identificar a la Vespa velutina no resulta difícil para quien sabe qué buscar. El tórax completamente negro —de ahí su nombre científico, nigrithorax— la distingue de las avispas autóctonas. El abdomen presenta bandas amarillas, con el cuarto segmento de un llamativo tono anaranjado. Las patas tienen el extremo amarillo, como si llevara calcetines dorados. Las obreras alcanzan entre dos y tres centímetros de longitud; las reinas pueden superar los tres y medio.

Se trata de un insecto de constitución robusta, resistente a temperaturas variables y extraordinariamente adaptable. Su éxito en Europa se explica en parte por la ausencia total de enemigos naturales que regulen su población. Sin predadores que la frenen, la colonia crece exponencialmente durante el verano, llegando a albergar varios miles de individuos en un solo nido.

 

Los nidos de la avispa asiática son una de sus señas de identidad más características —y uno de los mayores problemas para su control—. Construidos con fibras vegetales masticadas, tienen forma esférica o de pera invertida, con una única entrada lateral. Lo que hace especialmente difícil su localización y eliminación es su ubicación: prefieren las copas de los árboles o las partes altas de edificios, a veces a más de diez metros de altura.

Existe un nido primario —más pequeño, construido en primavera por la reina fundadora— y un nido secundario, de gran tamaño, levantado en verano por las obreras. Este segundo puede superar el tamaño de un balón de fútbol y albergar a miles de individuos en plena temporada alta.

Los apicultores de Galicia, Asturias, Cantabria y el País Vasco llevan más de una década conviviendo con este problema. Muchos colmenares han sido diezmados o directamente abandonados. Más allá del impacto económico, la reducción en las poblaciones de abejas amenaza la polinización de cultivos y plantas silvestres, con consecuencias en cadena para la biodiversidad local.

 

En Logroño, en el Parque el Ebro, no es difícil observar en época invernal, ante la ausencia de hojas en los árboles, grandes nidos de este insecto en lo alto de los chopos que bordean el Ebro.

 

Pero la resistencia y la capacidad de adaptación de este insecto, no deja de sorprender. Como por ejemplo la aparición de una colonia de esta especie en Ojacastro, a los pies de la Sierra de la Demanda. El verano pasado, el alguacil del pueblo recibió un aviso por dos nidos en diferentes árboles de un mismo paseo. El funcionario se acercó al lugar de la mano de la guardería forestal, que dispararon perdigones con insecticida en el interior.

 

El veneno consta de piretroides, que, en teoría, es de baja toxicidad para aves. Cuando este biocida impregna las paredes del avispero, las mismas avispas lo ingieren al intentar extraerlo del habitáculo.

En el mismo pueblo, hace unos días, una particular alertó a las autoridades de que habían formado un pequeño nido en el alero de su tejado. Tras las dudas por parte de los agentes forestales sobre si debían actuar en propiedades privadas, prevaleció lo que se tomó como responsabilidad medioambiental.

 

Con lo cual, adhirieron una brocha impregnada de insecticida al extremo de una pértiga, empaparon el interior del habitáculo y, acto seguido, lo destruyeron. En su interior, se pudieron apreciar numerosas larvas. La colonia estaba a punto de multiplicarse.

 

La expansión parece imparable. Pero cada detección temprana cuenta para la eliminación de la prole larvaria. Su control, en definitiva, exige vigilancia y coordinación, ya que el problema no es puntual.

 

Aviso importante: Si localiza un nido de Vespa velutina, no intente eliminarlo por su cuenta. Contacte con las autoridades municipales o servicios de control de plagas especializados. La especie puede picar en múltiples ocasiones y su veneno provoca reacciones inflamatorias intensas.