El riojano ha publicado Bastardía (Bala Perdida, 2026), un manuscrito con canciones de su grupo musical enBlanco y poemas inéditos.
|La Rioja|
El autor logroñés comienza las presentaciones de su nuevo poemario. Se trata de un híbrido donde, tras un prólogo de Nacho Escuín, antiguas canciones escritas por él se mimetizan con nuevos poemas.
Aunque, bien mirado, la palabra híbrido podría utilizarse si se toma como una mezcla conceptual. Como el mismo Enrique reconoce, «no veo la diferencia entre las canciones y los poemas». No obstante, las canciones también son versos escritos por él.
Este Bastardía nace unos quince años atrás. Al menos, su semilla. Una editorial le pidió una antología de su trabajo y, al comenzarla, se dio cuenta de que todos sus libros tenían en común una actitud bastarda. «La actitud de búsqueda y no constreñimiento a ninguna norma concreta».
El motivo es que, a esas alturas, Cabezón había publicado un libro de sonetos, poesía visual… «Tenía mucho trabajo distinto, pero todo tenía una actitud contestataria, heterodoxa, y me empecé a mover en el concepto de bastardía». Sin embargo, mientras el autor trabajaba en su antología, la editorial desapareció.
«Las letras de los enBlanco escapaban de la norma»
Pero el trabajo continuó y se sumó una idea. Bajo su punto de vista, en los enBlanco destacaban las letras por escapar, en cierto modo, de la norma. Evitaban la rima en la medida de lo posible, y eso llamaba la atención a la gente acostumbrada a una lírica, quizás, más evidente.
Esto, le sugirió sumar esa parte de su trabajo a una antología que, si bien había cambiado de destino, no se iba a quedar en un proyecto truncado. «Me pareció buena idea recopilarlas, a esta editorial también, y creo que ha quedado un conjunto bastante curioso y coherente».

Uno de los valores que considera que contiene esta publicación es la bajada de la alta cultura a la cultura popular. Del mismo modo, el trato a la cultura popular es similar al de la alta cultura. «Esa distorsión bastarda es una asimilación que le da tono al libro». Una ruptura con la jerarquía y un derribo de fronteras más bien artificiales.
Todo esto forma parte de la carrera de Enrique Cabezón. Es el resultado de la unificación de viejos y nuevos escritos, lo cual puede servir de espejo al propio escriba. «En la relectura pienso quién era yo a principios de los dos mil, qué me preocupaba. Y no me he visto tan lejos. He sido siempre el mismo canso».
«El papel ha sido siempre mi refugio»
Esos viejos escritos, a los que un día se les puso melodía, se presentan ahora en crudo. No existe fricción dentro del libro, pero puede que quien que las tenga interiorizadas las pueda sentir desnudas —si bien tiene la opción de acudir a una plataforma a escucharlas—. Mas no es así por parte del autor, que siente que su trabajo ha sido el contrario. «Las he visto primero sobre el papel, y luego les puse melodía. Pero yo ahí ya estaba haciendo poesía. El papel ha sido siempre mi refugio», reconoce.
«Había músicos a los que les jodía nuestro éxito»
Uno de los asuntos que subyace en la obra es la autoridad para señalar a las demás personas desde una postura honesta y ética. «Nadie debería ser juez de nadie, pero sucede», se lamenta. Y pone como ejemplo los inicios de enBlanco, cuando empezaban a llamar la atención y sentían que a músicos veteranos les chirriaba «y les jodía». Pero no es algo que no suceda también en la poesía y la literatura, donde «siempre va a haber alguien que te dice “tú escribes mal” o “tú escribes bien”». Y, percibe, «todos caemos en eso».

Este conjunto de conceptos son los que han grabado «las muescas de los años de rock & roll», subtítulo de la obra. «Las muescas son los poemas, que son los que acompañan a la experiencia del escenario». Esos poemas que, revela, algunos están basados en hechos reales, como «Bukowski vomita en el pórtico de la redonda». Los describe, en síntesis, como «la memoria, la ceniza de la vida», bajo el argumento de que, para poder cantarlo, has tenido que vivirlo.
Así pues, Enrique Cabezón prefiere mostrar las heridas antes que ofrecer una falsa pureza. No tiene problema en exponer sus vulnerabilidades. Pese a ello, es consciente de que esto requiere fortaleza psicológica; aunque, por definición, suponga una demostración de fuerza y de poder individual. Pero eso es Bastardía.

Ahora, los proyectos de este ilustrador, cantante, escritor y poeta —entre otras cosas—, pasan por grabar nuevas canciones con enBlanco. «Ahora que hemos vuelto, estamos haciendo canciones nuevas». Pero no deja de lado las presentaciones de su nueva publicación. La primera de ellas, el próximo jueves, 4 de junio, en Logroño. Después, tiene otras programadas en diferentes ciudades de España, como Madrid.
En definitiva, el autor logroñés ha concentrado a todos sus hijos bastardos en un territorio donde conviven la música, la poesía y la memoria; sin pedir permiso. Se maneja entre escenarios y páginas con la misma naturalidad con la que mezcla géneros y tiempos.
Su obra avanza entre esa mezcla indómita. Enrique Cabezón lo ha vuelto a hacer.

