«Las mejores fotografías no se posan; simplemente suceden»

Presentamos a nuestra nueva colaboradora: la fotógrafa Vita Dovhan, ucraniana afincada en Logroño. En esta entrevista nos habla sobre memoria, infancia y el poder de capturar lo real.

 

|La Rioja|

 

Mario Martija: La fotografía parece haber estado siempre presente en tu vida. ¿Cuándo empezaste a sentirla como algo propio?

Vita Dovhan: Desde niña la fotografía formaba parte de mi mundo, pero era la pasión de mi padre. Recuerdo cómo se encerraba en el cuarto de baño, lo convertía en un pequeño laboratorio y revelaba carretes, imprimía fotografías. Era algo casi mágico. Sin embargo, en aquel entonces nunca imaginé que algún día compartiría esa misma pasión con tanta intensidad.

 

M. M.: ¿Cuál fue el detonante que te hizo tomar la cámara de manera decidida?

V. D.: El nacimiento de mis hijos en 2016. Fue entonces cuando cogí una cámara con un propósito claro: conservar su infancia para que, muchos años después, pudieran volver a esos recuerdos. Esa intención cambió mi relación con la fotografía por completo.

 

M. M.: ¿Cómo fue tu formación profesional?

V. D.: Me formé en varios cursos profesionales, pero el más importante fue la Escuela de Fotografía de Kiev. Al terminar mis estudios, mi proyecto de fin de curso —un fotolibro— fue reconocido como el mejor de toda la promoción. Fue un momento que me confirmó que iba por el camino correcto.

 

M. M.: Has trabajado en varios países. ¿Cómo ha influido esa experiencia en tu mirada fotográfica?

V. D.: He tenido la oportunidad de trabajar como fotógrafa en Ucrania, Chipre, Turquía y ahora en España. Cada lugar tiene su luz, su ritmo, su forma de vivir. En Chipre, por ejemplo, colaboré con el festival de teatro Cinco Noches en Chipre, documentando espectáculos, artistas y la atmósfera del evento. Trabajar en contextos tan distintos te enseña a adaptarte, a observar antes de disparar.

 

M. M.: ¿Cómo definirías tu estilo fotográfico?

V. D.: Me estilo se centra en la fotografía documental y familiar. Me gusta capturar emociones reales: celebraciones, festivales, encuentros familiares, risas, abrazos, esas miradas espontáneas que cuentan una historia sin necesidad de palabras. Creo firmemente que las mejores fotografías no se posan; simplemente suceden.

 

M. M.: Has cambiado de país varias veces. ¿Qué llevas contigo siempre?

V. D.: Las fotografías que hizo mi padre. Sin importar adónde vaya, siempre viajan conmigo. Me recuerdan algo esencial: una fotografía es mucho más que una imagen bonita. Es memoria, es historia, es la forma de conservar aquello que el tiempo nunca podrá devolver.

 

M. M.: Para alguien que está empezando en fotografía, ¿qué mensaje les darías?

V. D.: Que no busquen la foto perfecta. Que observen, que estén presentes, que dejen que los momentos sucedan. La técnica se aprende, pero la sensibilidad para capturar lo real —una mirada, un abrazo, un instante de alegría genuina— eso viene de dentro. Y siempre vale más que cualquier encuadre perfecto.